martes, 19 de agosto de 2008

Enmimismada

Dejar atrás las cosas, a las personas y sobre todo a los sentimientos es a veces dificil, puede durar días, meses y hasta como en mi caso, años.

Supongo que tiene que ver con estar atado a algo o a alguien, es una condición humana, algo me debe pertenecer, o alguien y me cuesta muchísimo dejarlo ir, sobre todo cuando crees que te pertenece para toda la vida.

Sin embargo es parte del proceso como humanos aprender a desprendernos de ciertas personas que ya no nos pertenecen más, que en el lugar y tiempo que les correspondieron fueron importantes, pero que ya no forman parte de mi vida.

He aquí la historia...

Hace unos años me enamoré, aunque no puedo decir que fue el amor de mi vida, sin embargo, siempre pensé que estaríamos juntos, a pesar de las marcadas diferencias en el carácter, manera de pensar y hasta culturales, pero cuando una está enamorada todo es posible, siempre piensa una que va a cambiar al sapo y que forzosamente se va a convertir en príncipe, pero oh sorpresa!!! Eso no pasa en la vida real, bueno la menos a mi no me pasó, me dí cuenta de que en nuestra relación no habíamos dos personas sino tres, además también me di cuenta que él desde hacía semanas tenía la intención de terminar nuestra relación pero bajo el concepto de la culpa (que uno no quiere tenerla, sino que el otro siempre debe de ser el culpable), no lo había hecho (aunque de esto me enteré hasta después, ah el amor!!!) yo recuerdo exactamente el momento en el que me dí cuenta de que la relación había cambiado, pero creo que nunca lo quise reconocer.

El hecho fue que un día, cansada de la situación me decidí, recuerdo haber llorado la noche entera, y recuerdo también que nunca había estado tan decidida de hacer algo como en ése momento, (lo cuál le agradezco porque ahora es más fácil decidirme a hacer las cosas) todo el día estuve pensando como decirle lo que pensaba, sentados en una plaza pasó 3 años de relación terminaron de manera unilateral y sin resistencia, sin siquiera preguntar por qué de parte de él.

Creo sin lugar a dudas que eso fue lo que más me dolió, ni un por qué ningún reproche, ninguna explicación, y aunque me prometí que no iba a llorar no pude dejar de hacerlo, todo se había acabado en un instante.

Recuerdo también haber llorado toda la noche, no por haberlo perdido, sino por haber sido tan tonta y no darme cuenta de todo lo que pasaba, por haber sido tan inocente y por haberme enamorado, en ése momento fue lo peor, el darme cuenta de que soy capaz de enamorarme.